Una ácida mirada autocrítica que dispara ese humor descarnado, filosa inteligencia ideal para dedicarse a la ciencia, la filosofía y la literatura y buen ojo para los negocios. Definitivamente alejados del estereotipo ortodoxo, con dos bucles y ropa negra, los judíos de hoy son hombres y mujeres amantes de las artes y del intelecto que encarnan a la perfección el auge del modernismo cool.
La metamorfosis: de Once a Palermo Hollywood. Chiste: En 1857 una madre judía, al ver a su bebé recién nacido, decide ponerle Abraham, “como el abuelo”. En 1920, sus padres lo llaman David, “por el rey David”. En la década del 60, optan por Ana, “en homenaje a Ana Frank”. Y ahora, ante la misma situación, ¿qué pasa? La joven mami no tiene dudas y avisa que será Kevin, “igual que el de Mi pobre angelito”. Según una encuesta del Centro de Estudios para las Comunidades Judías Latinoamericanas, en la Ciudad hay 156 mil judíos. De ellos, el 75 por ciento lo es por cultura y apenas el nueve, por tradición ortodoxa religiosa. Si Madonna -siempre a la vanguardia de toda tendencia que se atreva a asomar su tímida nariz al mundo- olvidó su origen de chica italo católica para sumergirse en la Kabala, evidentemente hay algo cool en el judaísmo. Se nota en el cine. Cara de queso (mi primer ghetto) es una película de Ariel Winograd que se estrenó el año pasado y cuenta cómo fue pasar la adolescencia en un country judío durante la década del 90. Fue un éxito. Derecho de familia le puso fin a la trilogía judaica que Daniel Burman inició con Esperando al Mesías y El abrazo partido. El director se posicionó como referente y ganó premios alrededor del mundo. La tragicomedia Judíos en el espacio, de Gabriel Lichtmann, llegó a las salas en 2006. Se huele en el aire. Hoy todos mueven el piecito al ritmo de No Place to be, el disco del cantante de reggae jasídico Matisyahu, un judío ortodoxo de Nueva York que retoma en sus letras fragmentos de la Torah. Oi, Oi, Hoy es un stad up judío con Gabriel Schultz que se presenta con éxito en el Paseo La Plaza desde hace casi dos años. El judaísmo se convirtió en un fenómeno de moda mundial y en Estados Unidos la movida fue bautizada “jewcy” (algo así como “lo judío-jugoso”). Allá, está más orientado hacia la moda, tienen la revista Heeb y venden merchandising. Acá, se hace eco YOK (“Judaísmo a tu manera”), una entidad más comprometida con generar contenidos. “No es una forma moderna de encarar la religión, porque el judaísmo es o no es. La idea es lograr que ya no haya más preconceptos. Y lo hacemos a través de una propuesta cultural, social y artística, pero no religiosa. Porque el judaísmo hoy tiene más que ver con la identidad que con la creencia en Dios”, explica Ianina Grimblat, directora del proyecto. En septiembre pasado, para celebrar el comienzo del año 5767, organizaron el evento Rosh Hashaná Urbano y fue una verdadera fiesta en el barrio de Palermo. Repitieron el suceso de convocatoria el 24 y 25 de marzo pasados con el Guefilte Fish Festival, para conmemorar el Pesaj, y desde 2005, cada dos semanas, se llevan adelante en el Chacarerean Theatre las charlas del ciclo Post judaísmo. Este martes, la temática va a ser el nuevo antisemitismo, con León Rozitchner entre los oradores. ¿Hay una sola forma de ser judío?: No. Ser judío hoy, en Argentina, es sentirse parte de un grupo, un pueblo, compartir una historia común con otra gente y tener lazos de pertenencia en común. Eso es cool.
www.diarioperfil.com.ar/edimp/0179/articulo.php?art=1356&ed=0179