Estaba leyendo los poemas de Lorca y me enamoré de “El rey de Harlem.” Me gustaría escuchar el poema en dos versiones: una por Billie Holiday y una por Duke Ellington y Louis Armstrong. Para mí, este poema es muy difícil entender completamente, pero puedo hacer conexiones entre este poema y el jazz. Y para mí, este es magnífico porque me encanta el jazz y todos sus ritmos y cuentos. Inmediatamente después de leer este poema, quería escucharlo en una forma de jazz. Desafortunadamente, no puedo tocar el jazz ni cantar como Holiday, Ellington, y Armstrong. Pero puedo imaginarlo.
Primero, ¿porque quiero escucharlo en una forma de jazz¿ y ¿porque quiero escuchar dos versiones? Bueno, primero este poema me da la sensación que estoy en Harlem, en un lugar donde puedo escuchar a jazz. Me fascina mucho jazz porque no solo es una buena forma de música sino una manera expresar la historia y los conflictos de los Afroamericanos. Y ya sabemos que Lorca pasó tiempo en Nueva York escuchando a jazz y hay un poco influencia de jazz en algunos de sus poemas. En “Informe-ing in Lorca: Dissent Surrealism in Spain,” David Richter comenta que Lorca ha dicho eso sobre su tiempo en Nueva York: “Lo que yo miraba y paseaba y soñaba era el gran barrio negro de Harlem, la ciudad negra más importante del mundo, donde lo lúbrico tiene un acento de inocencia que lo hace perturbador y religioso.”
Para mí, veo mucha angustia en este poema y puedo conectar eso a la angustia que los Afroamericanos cantan sobre en el jazz. No sé si hay una conexión real (que escribió Lorca) en este tema. Pero con la historia y lo que ya sé sobre jazz, puedo hacer esa conexión. En el poema hay casi una sentida de jazz por el ritmo cuando se lo lea. En mi opinión hay mucha exclamación y hay un ritmo en este poema que jazz tiene también.
Bueno, quiero escuchar a este poema en dos formas, una por Billie Holiday y una por Duke Ellington y Louis Armstrong. Yo creo que la versión de Holiday será algo muy interesante. Creo que tendrá mucho énfasis en la historia y el aprieto de los Afroamericanos. Creo que será algo como “Strange Fruit.” Y la versión por Ellington y Armstrong será algo con un poco más vida. Tendrá todos los elementos típicos de jazz y jugará con los elementos de los animales para producir sonidos raros.
Bueno, hay algo que no me gusta sobre este poema. Es que creo que los animales representan algo de la raza de los Afroamericanos o algo así y no creo que es bueno. No estoy segura si este es el intento de Lorca, pero creo que es una manera para demostrar “el primitivismo” de la raza y no me gusta.
Yo sé que es muy largo, pero aquí es el poema para leerlo:
“El rey de Harlem”
Federico García Lorca
Con una cuchara
arrancaba, los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.
Fuego de siempre dormía en los pedernales
y los escarabajos borrachos de anís
olvidaban el musgo de las aldeas.
Aquel viejo cubierto de setas
iba al sitio donde lloraban los negros
mientras crujía la cuchara del rey
y llegaban los tanques de agua podrida.
Las rosas huían por los filos
de las últimas curvas del aire,
y en los montones de azafrán
los niños machacaban pequeñas ardillas
con un rubor de frenesí manchado.
Es preciso cruzar los puentes
y llegar al rubor negro
para que el perfume de pulmón
nos golpee las sienes con su vestido
de caliente piña.
Es preciso matar al rubio vendedor de aguardiente,
a todos los amigos de la manzana y de la arena,
y es necesario dar con los puños cerrados
a las pequeñas judías que tiemblan llenas de burbujas,
para que el rey de Harlem cante con su muchedumbre,
para que los cocodrilos duerman en largas filas
bajo el amianto de la luna,
y para que nadie dude de la infinita belleza
de los plumeros, los ralladores, los cobres y las cacerolas
de las cocinas.
¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem!
No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos,
a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro,
a tu violencia granate sordomuda en la penumbra,
a tu gran rey prisionero, con un traje de conserje.
Tenía la noche una hendidura y quietas salamandres de
marfil.
Las muchachas americanas
llevaban niños y monedas en el vientre
y los muchachos se desmayaban en la cruz del desperezo.
Ellos son.
Ellos son los que beben el whisky de plata junto a los
volcanes
y tragan pedacitos de corazón por las heladas montañas
del oso.
Aquella noche el rey de Harlem con una durísima cuchara
arrancaba los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.
Los negros lloraban confundidos
entre paraguas y soles de oro,
los mulatos estiraban gomas, ansiosos de llegar al torso
blanco,
y el viento empañaba espejos
y quebraba las venas de los bailarines.
Negros, Negros, Negros, Negros.