Evanne Gordon's Blog

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¿Viviendo sin el pasado?

December 16th, 2010 by Evanne Gordon · Uncategorized

Cuando viajé a Argentina y a Chile en el invierno de 2009-2010, no sabía yo nada de las historias de estos países además del fondo que me dio el profesor Volk en su clase de introducción a la historia de America del Sur.  Visité al sitio del Palacio de la Moneda y mi amiga menciona algo de ua memoria que tuvo ella de leer o oír del ataque allá, pero no me pudo relatar los detalles del evento. Calculé que había ocurrido un derrocado político y nos rumiábamos un rato la lucha de poder que todos humanos del mundo moderno puede comprender. Nadie paró para explicarnos lo que miramos. La gente con que bailábamos y charlábamos en las calles de Santiago no nos preguntaron, “¿chicas, sabéi’ de lo que pasó aquí en los años setenta?”  Ni nuestros amigos en Mendoza ni sus padres viejos mencionaban a ningún tiempo un pariente o amigo desaparecido, ni un comento de los años de la dictadura militar.

Aunque estoy segura que los asuntos de estos períodos traumáticos pueden ser facilmente hallados con las preguntas apropiadas (o, tal vez, alguna pregunta en primer lugar), me parece bien que la posición central que tuvieron estos asuntos en la sociedad diara se ha menguado muchísimo.  Quizás esta observacíon es un poco obvio porque el paso de tiempo por naturaleza pone los eventos del pasado en sus posiciones del pasado, y lo que a una vez se consumió al público usualmente pierde su omnipresencia después de bastante tiempo. O el lector puede decir, “Por supuesto no se diste cuenta de los legados de las dictaduras– eres extranjera y la presencia del pasado es sutil y casi imperceptible para los que no lo experimentaron.”

Aún así, si los efectos psicológicos de las dictaduras aún se mantuvieran sus posiciones principales en las mentes y las corazones del pueblo, pensarías que el asunto aparecía en por lo menos una conversación en el espacio de un mes en Chile y Argentina. Escogo ver esto como buenas noticias del proceso de reonciliación que hemos estudiado en clase– me parece que por la gran parte la gente ha llegado a un estado en que pueden vivir sin que los afectos malos del pasado pueden dominar las vidas del presente.  No estoy diciendo de ninguna manera que han olvidado.  Solo que de me experiencia rudimentaria, estas sociedades están teniendo o han tenido algún éxito en volver a la “normalidad,” y esto me da allegría y esperanza.

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Testimonios de la sepultura

November 30th, 2010 by Evanne Gordon · Uncategorized

Mirando el principio de “El Caso Pinochet” me recuerda otro documental sobre las fosas exhumados de las víctimas de la Guerra civil de España.  En ese caso, las muertes de tantas civiles fueron resultos de una guerra pública que devorró el país entero– estas muertes, aunque terribles y en muchos casos ilegales y de “inocentes,” diferan de los del caso de Chile porque estas personas no fueron desaparecidos del ojo público.  En la mayoría de los casos los españoles no estuvieron secuestrados de sus casas y torturados en los sótanos del regimen– no llamamos a la Guerra española una “guerra sucia.” El ataque de las fuerzas de Franco, como los de Pinochet, fueron contra un segmento de la sociedad nacional que, para los dictadores, bloqueó el éxito de sus países.  Pero en Chile este ataque fue contra indivíduos, señalados en particular y convertidos en blancos específicos.  No estoy diciendo que los españoles tienen menos derecho de sentir indignados o traicionados por el gobierno– solo que la idea de la victimización se materializó distintamente para los sobrevivientes de las dos guerras distintas.  

Aún así, los dos países exigen que las fosas escondidas sean exhumados.  ¿Qué es la relevancia de este fenómeno?  Para los dos países es una oportunidad de llegar al cierre de los emociones de pérdida y dolor que surgen de la situación compleja en que no tienen un cuerpo para lamentar.  El símbolo del cuerpo físico representa evidencia actual de la injusticia que comitió el estado militar.  Sin las fosas, el daño contra los sobrevivientes puede ser construida como imaginada o intangible.  En el caso español el rescate de los muertos es parte del proceso de cicatrizar en la estela corriente de la guerra.  Para los chilenos, aunque el descubrimiento de personas “desaparecidas” seguramente ayudará con manejar los cambios en sus vidas gracias a la guerra civil, me parece que este fenómeno de “sacar a la luz” el aspecto más sucia de la guerra sucia, más conducirá a la justicia legal.  Los chilenos necesitan encontrar a sus difuntos familiares si para tranquilizarse y aliviar sus entendimientos de la memoria y la historia, como los españoles.  Pero en el caso distinto de las víctimas de Pinochet, sus voces pueden anunciar de la tierra inquieta los crímenes de sus asesinadores, y pueden afectar a la futura política de sus sobrevivientes.  Por eso la acción de exhumar las fosas escondidas es, aunque dolorosa y frustrante, también fundamental para el pueblo en el proceso de curarse de gran trauma nacional y moverse adelante en la dirección de la justicia y quizás la reconciliación.

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La verdad y la reconcilación

November 30th, 2010 by Evanne Gordon · Uncategorized

“Esa humanidad entre los autores y las víctimas es lo que muchos … llaman ‘la reconciliación.’” Ésta me pone incómoda a causa de varias razones. Me parece que “la humanidad” es un concepto o un estado de entendemiento que casi es imposible de saber si la otra persona se siente igualmente. Aquí está menguado a un cortesía honesta entre el autor y la víctima o la famila de su víctima, y aún así es un estado muy delicado y ¿cómo sabemos si hay reconciliación solamente si los partidos enrevesados están actuando con cortesía, uno al otro, que no nos parece moderada? El ejemplo en el libro escrito por Leigh A. Payne antes de esta definición casi difícil o compleja de la reconciliación, es de Forbes y su torturador Benzien.  Forbes le ofreció la mano a Benzien cuando reunieron a la vista, y al pensar de este acto, Forbes reconoce que “puede relationtarse a él y lo que ha sufrido.”  Para mí,  si él comprende la destrucción de la vida que ocurrió a su torturador después del cambio de gobierno, aún debe de ser muy difícil llegar a la reconciliación dado que este hombre merece su suerte como resulta de sus decisiones políticas, pero nunca recuperará Forbes la vida libre sin cicatrizes de que le robó Benzien. Benzien fue víctima de sí mismo y del estado; Forbes fue víctima de Benzien. Porque un humano puede comprender la mala suerte de otro humano, los malos que uno le hizo al otro no están necesariamente reconciliados. 

Entonces, ¿qué es una definición más apropiada para la reconciliación? ¿Es posible, aquí en estas situaciones de las guerras sucias, llegar a la reconciliación? Creo que no pero también creo que es posible acercarse a esta ideal por algunas caminas. Yo sé que será irresponsable ponerme en la situación de tal familia de una víctima, sin embargo, yo esperaría que el delictivo pasara mucho mucho tiempo escribiendo y hablando sobre los pensamientos y emociones que sentiría hacia su relación con mi difunto familiar. Necesitaría sentir la convicción que el hombre sentería la culpabilidad por su acto, y de verdad quería mi perdón.

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La Muerte y La Doncella

November 9th, 2010 by Evanne Gordon · Uncategorized

Hay mucho de que puedo hablar de esta obra.  No la he leído en inglés todavía pero estoy segura que el poder de la escritura es más emotivo y efectivo artísticamente en el español, dado el asunto y los personajes de la pieza. Dortman ha incluido muchas temas pertinentes, como roles de género y matrimonio, la idea de la locura, la injusticia y la venganza, y el lugar del individuo y emoción personal en la dictadura. Los arcos de personaje entre los actores son muy interesantes; en el principio no estaba segura en que lado del argumento legal fuese “la Comisión,” y primero parece que Gerardo es el personaje normativo, proveendo la voz de razón en contra de la emoción ciega de Paulina.

Pero Gerardo es más complejo de esto, gracias por gran parte a su amor para Paulina. Hay un momento cuando Roberto está diciéndole todas las palabras incorrectas a Gerardo, y Gerardo se da cuenta de la importancia de su confesión, cierto o no.  Dice, con ganas de Paulina, que “[la confesión] es una necesidad que tiene el país entero.”  La pregunta que emerge es sí fuera justo la matanza, o sencillamente la detención, de Roberto por Paulina, sin proceso oficial– ¿está ella poniéndose sí mismo en los zapatos de los soldados que la secuestraron? Su tono es frío, exacto, facilmente oído por el lector.  “No quiero que se mee en mi alfombra,” y “¿Rica el agua, no?” le dice a Roberto, entre otros dichos de odio (46).

Esta mujer esteríl se convierte en torturadora en pocas páginas.  Y está claro que Roberto tiene miedo, antes de que lo dice, en la manera en que responde a Paulina. No sabemos si es culpable de los crímenes de que le acusa Paulina a él. Pero sabemos al fin que ella se ha liberará a si mismo– ganó la atención, el miedo, y la desperación de alguién (o de un símbolo para los hombres y el sistema) que a ella le quitó algo irreemplazable; que a ella le hizo daño irreparable.  Es un personaje muy fuerte; cuando lo llevaron gritó, “Soy Paulina Salas. Me están secuestrando” y aunque estaba torturada y violada, no dejó el nombre de su amor controvertido. Entonces es más fuerte de Roberto, que (según él, quizás sinceramente y quízás no) fingió una respuesta a la presura violenta para pararla.

La tensión sexual en la obra es muy compleja y interesante; la relación entre Gerardo y Paulina tiene tanto que ver con sus meses en captividad, y por eso Roberto está involucrado en el triángulo; creo que si Gerardo ha consentido al pedido de Paulina de violar a Roberto con una escoba, la situación sexual entre los maridos se habrían resuelto.

Un punto final: Con la música de Schubert y la incapacidad de Paulina oir esta sin sentir el dolor, me recuerda a Alex DeLarge in A Clockwork Orange después de los oficiales hacerle un lavado de celebro a él. El momento de triunfo para Alex es al fín del filme cuando ha regrasado a su mismo original y puede, otra vez, gozarse de las placeres carnales que lo da Beethoven.  Parece que Paulina aún no puede aplausar el Schubert, pero por supuesto ha cambiado, y ha obtenido esfuerzo y resolución, a causa de este conocimiento profético con el doctor.

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Alicia Partnoy en castellano

October 20th, 2010 by Evanne Gordon · Uncategorized

Cuando estaba leyendo el testimonio de Partnoy no pude menos que preguntarme sobre el propósito de su catálogo calificativo de los guardias de la villa Devoto.  Aunque el informe en total es menos emocionante de sus memorias literarias representadas en el libro La Escuelita, las otras partes de la explicación sirven para mostrar objectivamente las atrocidades que ha cometido el ejercito de Argentina contra los derechos humanos y por eso, para mí, son más efectivamente en comunicar su historia.  Esta relación, por otro lado, es simplemente una lista de algunos hombres y sus rasgos físicos, y para algunos, una descripción de su comportamiento en el campo.  Algunos razones que puedo inventar para la inclusión de esta sección son por uno, para hacer público las identidades (si no los nombres) de los hombres que les torturaron a Partnoy y sus amigos y relaciones.  O quizás la Partnoy del libro La Escuelita está compartiendo los imágenes robados que recopiló ilegalmente de las rendijas de su venda floja. Sin embargo, las picturas de esos hombres da al horror del regimen una cara tangible y nos recuerda que fueron humanos que trató con tanto avidez de disolver la humanidad de una gran sección del pueblo argentino.

También me gustaría dirigir la línea en que Partnoy dice, “sólo recuerdo la mirada de odio del que debía ser el jefe de la operación” antes de que ella está traslada por camión a la escuelita.  Este odio, que podemos bien comprender en el revés en el caso de los “subversivos” odiando a sus captores, es un odio ideológico que necesitaron tener los militarios para cometer los actos que sí comitieron.  Sin la concepción de este odio idelógico, las víctimas del regimen no tendría el temor apropriado del alcance de la reacción violenta del ejército. Anita, la activista agraria a quién entrevistó Marguerite Feitlowitz en A Lexicon of Terror reportó que “no tenemos ninguna idea que nos odiaron.” Y entonces aunque en realidad no habían haciendo nada subersiva, como otros innumerables, se cayó.  Partnoy anticipó la acción de su captura gracias al odio que tuvo los poderosos para su punto de vista política, y en el momento de su secuestro parece que esta mirada entre el jefe y ella provee justificación para el desastre que va a seguir.

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Hello world!

September 22nd, 2010 by Evanne Gordon · Uncategorized

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