Carta a mi hijo

Dec 10th, 1983

A mi querido niño,

No sé tu nombre. Tal vez vas a tener treinta años cuando te encuentro. Tal vez en la semana que viene las investigaciones de Las Madres (tu abuela está incluida en este grupo) van a descubrir tu ubicación con la familia que te llevó de tus padres biológicos, yo y tu madre. Si te pudiera haber nombrado, se te llamaría David. Cuando nos encontramos, voy a respetarte como sos, después de haberte crecido en otra familia con una identidad vinculada con la familia que te criaba. Sin embargo, en mi alma, tu nombre siempre va a ser David.

Hoy, se terminó la dictadura militar que nos secuestró a mi y tu madre. Sobreviví para poder explicar lo que pasó a miles de personas inocentes. Tu mamá, todavía no sabemos. Ha sido casi cinco años desde el último momento que la ví. No importa la cantidad de tiempo que pasa sin un [trace] de ella y la cantidad de duda que crece sobre su existencia persistente; va a continuar viviendo, presente, en cada día de mi vida. La amaba profundamente; quiero que entiendas cómo esa ser humana llevaba luz en tanta abundancia a cualquier espacio estaba que podía hacer cualquier momento parecerse lleno de la mágica sencilla de la vida. Se entusiasmaba simplemente por existir, y como resultado de ser una persona genuina, se convertía su gratitud por el universo en amor por la gente y los entornos que la rodeaban. Se metía en tratar de documentar y solucionar los problemas sociales con la gente humilde y el gobierno que no les apoya. Desafortunadamente, su inclinación a ayudar le llevó a los manos del partido más violente y poderoso que nuestro país ha visto.

Voy a compartir esta historia contigo poco a poco. No puedo imaginar la inquietud que vas a sentir cuando aprendes la verdad de tu nacimiento, y no quiero hacerte daño en tener prisa a explicarte todo. De todos modos, es un sueño improbable que vayas a leer esta carta, así que voy a salvarme de entrar en el camino doloroso de recontar mi historia dentro de los centros clandestinos, tanto como la de tu mamá. No somos únicos, y quiero enfocarme en el presente para que tengas documentación de nuestra época de democracia que está empezando hoy.

Muchos pensaban que Italo Luder, el candidato del partido izquierdista iba a ganar la presidencia, pero había rumores que Luder estaba cooperando con los militares en prometer perdonarles después de las elecciones. No soy peronista en el sentido de que no creo en el tipo de gobierno rodeando una figura que declara simpatizar con toda la gente en la sociedad y hacer favores a sus votantes al coste de la estabilidad de la nación. Digo, creo en los derechos humanos de la gente que sufren en nuestro sistema capitalista, pero con la prevalencia de la verdad y el dialogo en vez de la intimidación. Las manifestaciones por Luder, que es de la izquierda, fueron casi violentes, y me acordaban de los días del fervor peronista. Debemos movernos más adelante en nuesto proceso político, así que pienso que escogimos bien al Alfonsín.

No quiero aburrirte con detalles políticos (no suelo ser tan interesado pero asistí a la inauguración de Raúl Alfonsín hoy, y creo que sus planes de establecer una comisión para investigar los desaparecidos que todavía pueden estar vivas son la representación de la esperanza). Tu madre es una de ellos. No he oido nada sobre ella en un año, pero las últimas noticias eran que ella estaba en un centro clandestino en Rosario. Este centro tiene una reputación menos mal que unos otros, así que mantengo fé en la posibilidad de que va a reaparecer. Soy un hombre sensible pero no voy a pasar mucho tiempo en esta carta con una descripción de mi miseria sobre tu madre. Un día, cuando nos encontramos cara a cara, voy a demostrarte su mágica en fotos, cuentitos, y cartas que me escribían durante sus viajes como periodista.

Hasta el momento real cuando te veo, hijo mío, que disfrutes nuestra época nueva. Todos esperamos que la democracia se quede para siempre. Estamos listos.

Un abrazo enorme,

Miguel

1 thought on “Carta a mi hijo

  1. ssvolk says:

    Ay, Miguel. Me está rompiendo la corazón. Tanta pena, no es posible creer. Gracias por compartirlo conmigo.

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