Esto es el momento para reflexionar.

31 de Mayo, 1969

Acabo de llegar a la casa de mi mamá. Estoy temblando con alivio por el olor de mi cuarto, que me acuerda del sentido de seguridad dentro de mi cama donde dormía por tantos años, soñando con viajes posibles del futuro. Imaginaba los paisajes desconocidos del mundo y de mi propio país que yo vería cuando partiría de la rutina diaria de mi ciudad chiquita. Ahora con veinticuatro años si he visto más que mi propio ciudad, Corrientes. Conozco la ciudad de Córdoba y los paisajes que existen entre allá y acá… he examinado fotos, mapas y mapas de cada kilometro de la Tierra, dentro de los edificios de la universidad. Mi hambre va creciendo para ver más en vivo, aunque el mundo esté feo en este momento. No puedo documentar ahora mismo lo que he visto con estudiantes y trabajadores en las calles de Córdoba estos últimos días, con toda la violencia entre los activistas y La Dirección de Investigación de Políticas Antidemocráticas (la policía contra los pensamientos “subversivos” de nuestro detestado General Ongañia). Un día voy a describir las protestas en estos paginas de mi primer diario desde que paraba de escribir por mi mismo cuando llegué a secundaria. Me siento que estamos embarcando en un periodo crítico en la historia de este país, y quiero tener mi versión escrita para que mis niños sepan la verdad.

Buenos Aires me atrae, pero por ahora necesito respirar unos días acá en Corrientes. El país es un quilombo, oficialmente…Ay dios mío. Mi mamá no sabe que estoy acá porque no la llamé cuando me fui de Córdoba ayer con tanto apuro. Tuvimos una parada en Santa Fé y dos más subiendo la ruta interminable número 11, estábamos en camino por casi veinte horas en el bus. Mis ojos no quieren ver las vistas de las pampas Cordobesas otra vez. Me falta un cuatrimestre en mi carrera de Geografía pero tengo la necesidad de engancharme con otra ciudad, otras locuras; estoy curioso sentir el ritmo de la masa porteña que todos en el “resto” de Argentina vemos y escuchamos tanto por la televisión y el radio. En este ámbito, con una cantidad de gente inmensa movilizando en las calles cada día para defender una idea u otra, realmente participamos en la política. Quiero meterme en el núcleo de la lucha por la liberación y la reclamación de peronismo por ésta generación. Mi padre, Alejandro, aunque sea miembro del sindicato de taxistas en Santa Fe, no quiere más involucrarse en la actividad de la calle. En su juventud, era más políticamente apasionado, y estuvo en La Plaza De Mayo en el Día de Lealtad cuando yo era bebé y todavía estábamos viviendo en Buenos Aires. Pero cuando él aprendió de los vínculos ideológicos que Perón tenía con los fascistas, Papá abandonó la masa y nos mudamos a una ciudad “más tranquila” cuando tenía dos años. Me parece que su rechazo de Peronísmo tiene raíces en el hecho de que huyo de Bulgaria en 1941 durante el holocausto por ser judío. Cualquier indicio de fascismo en una ideología política hace que Papá no escuche más. Después de evitar ser secuestrado en un campo concentración, esperaba escaparse para Israel pero tenía que aguantar su cambio de destino cuando la única opción era embarcarse en un barco para Buenos Aires, una ciudad de que nunca había escuchado. Cambiaron su nombre de Alexi a Alejandro en el hotel de los inmigrantes cuando llegó, pero él me ha dicho que nunca se olvida de su identidad original. Ahora vive en Santa Fe con otra mujer. Mis padres me dicen que no había trabajo para Papá en Corrientes y por eso se mudo hace diez años, pero yo sé que perdieron la conexión romántica que tenían antes.

Mi mama Elena no le importa para nada la política; queda en su burbuja de trabajo en limpieza, y viaja de una zona doméstica a otra. Sus padres, inmigrantes a Buenos Aires de Yugoslavia, le enseñó cómo ejercer el músculo de laborar para sobrevivir. Conoció a mi padre en una sinagoga en Villa Crespo en 1942, y pasaron los primeros dos años juntos hablando en Yiddish mientras Papá estaba aprendiendo Castellano. No querían nada más de quilombo, así que cuando tenía tres años nos mudamos.

Aún Corrientes tiene un silencio inquietante permeando las calles, sus sombras anaranjadas de las farolas parecen invitar la apariencia de una contorna siniestra. Un escalofrío tengo, puntuado por los ladridos de los perros reuniéndose en Parque Mitre, una cuadra fuera de la casa. Este ruido solía formar mi canción de cuna; era la verificación de mi ubicación en el pueblo donde crecía. Pero esta noche hay una crudeza en sus tonos, una irregularidad en el ritmo de los gritos tirados de un lado del parque al otro. Los perros están peleando, seguro, sobre la manifestación que pasó en la ciudad hace dos semanas, cuando el hermanito de mi compañero de secundaria, Juan José Cabral, murió de balas de la policía. Mi mamá me llamó en un llanto desesperada, porque sabía que las protestas desplegarían a las otras ciudades universitarias, y ella quería que yo viniera a casa para estar más seguro. “No tenés lugar por dónde esconderte del peligro, en tu edad” me dijo. Aunque no se envuelva en discutir la política, mi mamá si entiende esta verdad: Argentina está acercándose a un momento de crisis, y puedo sentirlo.

Voy a acostarme. Ya son las cuatro de la mañana. No quiero ver el sol levantándose sin permitir unos sueños penetrar mi cabeza antes de enfrentar el día que viene.

Hasta pronto,

Miguel

1 thought on “Esto es el momento para reflexionar.

  1. ssvolk says:

    Hola, Miguel. Gracias por esta introducción tan informativo y completo! Me siento como te conozco, aunque apenas acabo de leer lo que has escrito. Mucho cuidado en la ciudad, pibe! Ya no estás en Corrientes!

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